La intranquilidad colectiva

prisma

A estas alturas de la película ya te habrás dado cuenta que estamos instalados definitivamente en un modelo de sociedad virtual que nos hace creer tener el mundo en nuestras manos. Personalmente aún me cuesta entender como ha sido posible recopilar en tan poco tiempo tal cantidad de información a simple golpe de click, pero es que da la sensación que el ciberespacio crece a la velocidad de la luz. La posibilidad de comprar de todo, relacionarnos a todos los niveles con personas de todo el mundo o lanzar al vacío hiperpoblado de la Red nuestros anhelos, pasiones, opiniones o  aficiones, ha hecho que nos volvamos dependientes de Internet, y con él de su deriva. Y por deriva me refiero a ese vagar sin rumbo definido, saltando de aquí para allá, de web a blog, de foto a vídeo, de foro a chat, entrando en una vorágine de asociaciones mentales que nos han hecho entrar de lleno en lo que podriamos llamar una intranquilidad colectiva imperante en la sociedad.
No se si también te pasará.. ( lo digo con ironía porque estoy seguro que también a ti te sucede…), que a menudo mientras navego en el basto océano de Internet me sorprendo saltando de un lugar a otro, sin sentido ni consciencia, simplemente porque mi mente parece no acabar de estar acostumbrada a tantos estímulos en tan poco tiempo y espacio. Es la primera vez que como especie nos encontramos en una situación similar,  y parece que nadie tiene idea donde esto nos puede llevar. La mayoría de nosotros padecemos de TDA (Trastorno del déficit de atención)cuando estamos delante de una pantalla, y es que aunque que sepas con exactitud que buscas, algún destello siempre te ciega en el camino. Como en la imagen que acompaña este escrito, Internet nos hace de prisma que convierte una idea o un primer impulso de conocer, en un arco iris difuso de colores que se dividen en mil direcciones. Las marcas, las compañías y los hábiles lobos de mar de las redes han descubierto que la atención de los consumidores es la divisa del momento y que puede ser manipulada y capitalizada. El precio que tenemos que pagar por tal acopio de información y entretenimiento junto  es la de nuestra incapacidad de poner atención ha una sola cosa por pocos minutos seguidos y además estar constantemente expuestos a las tendencias comerciales del momento. Ello no sólo afecta nuestra productividad,  sino que cada vez nos empuja a la inmediatez  y la dispersión crónica en  la que vivimos.
Somos consumidores de lo que algunos han denominado Infotainment, una mezcla de información y entretenimiento en el que nos creemos informados pero en cambio, todo es tratado como puro pasatiempo del que al cabo de 5-10 minutos, no recordamos nada de lo visto, leído o escuchado. El mismo formato de Internet, en el que navegamos en múltiples ventanas y leemos sólo encabezados o titulares también favorece una atención dividida. Tengamos claro que podemos hacer muchas cosas a la vez si, superficialmente, pero tengamos claro que ninguna la integraremos en profundidad. Estamos viviendo la evolución y expansión del ya olvidado zapping, eso si, elevado a la enésima potencia.
Con todo este panorama no es de extrañar los crecientes hábitos de meditación, mindfulness y tantos otros métodos para calmar nuestro fluir interno, que no son más que un intento de ayudarnos a renfocarnos  y volver a poner la brújula en la dirección deseada.
Esto es todo por hoy, agradecerte la atención de estos minutos, dejo que prosigas con tu deriva, nuestra deriva. ¿ o me vas a decir que después de leer esto no vas a deborar otro post, otra web, otro video en youtube, y más, y más y más…..

 

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Espiritualidad en venta

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El pasado domingo, un amigo me envió el enlace de un artículo publicado en El país semanal,  “La obsesión por uno mismo”¹.  Al principio pensé que en él se tratarian las absurdidades en torno a los ya habituales selfies o el culto a la propia imagen en Facebook o Instagram, pero cual fue mi sorpresa cuando vi que el relato apuntaba más allá. En él se pone de manifiesto la proliferación de tendencias y modas espirituales de toda índole que a menudo parecen alimentar nuestro Ego Espiritual,   alejándonos así de esa vida serena y feliz que tanto ansiamos al comprar productos y asistir a charlas de todo tipo. Una vez más, podemos afirmar que no es la herramienta que se utiliza sino el modo de utilizarla lo que marca la diferencia. Es evidente que vivimos instalados en la obsesión por encontrar nuestro lugar en la sociedad más compleja, cambiante e interconectada de todos los tiempos. La desorientación y dispersión está generalizada, y muchas personas encuentran un chaleco salvavidas en las terapias, conferencias o formaciones de lo más variopintas. No seré yo quien cuestione el camino que cada cual elige para conectar mejor consigo mismo,  pero a mi entender, aquí hay otro problema de fondo. Dejadme que haga un poco de memoria histórica para saber de donde podría venir todo esto…
Creo que nos podríamos poner más o menos de acuerdo que parte de lo que estamos viviendo hoy surge de la llamada Nueva Era, conocida más popularmente como New Age. Esta, es una corriente de pensamiento transversal y heterogénea surgida entre Europa y  los Estados Unidos a principios de los años ’60. Resumiendo mucho, podríamos afirmar que se trata de un amplio colectivo que se alza en rechazo a las instituciones, la reivindicación  de lo colectivo por encima del interés particular, y sintetizándolo mucho en el famoso: “HAZ EL AMOR Y NO LA GUERRA”. La formaron personas de todo tipo, pero en general, eran jóvenes de clase media-alta con un elevado nivel educativo que, así como hicieron algunos de los –ismos en las vanguardias artísticas de principios del siglo XX, manifestaron su disconformidad con una progresiva des-humanización de la sociedad. Todo aquello duró pocos años y  a los verdaderos “hippies”,  los mataron o vaciaron de contenido con mayor o menor sutileza. Un discurso pacifista, idealista y anti-consumista estaba lejos de agradar a los que al parecer siguen manejando los hilos de este teatro de guiñol al que llamamos Mundo.
Pero volviendo de nuevo al presente,podríamos afirmar sin demasiado miedo a equivocarnos,  que aquella inocente y pura Nueva Espiritualidad se ha ido transformando hasta hoy en un tentáculo más de un capitalismo hambriento de nuevos negocios millonarios que necesitan difusión y consumidores fieles para mantenerse vivo. Lo que surgió como respuesta a un sistema se ha convertido en parte indisoluble de él.
A todo esto, debo reconocer , como se puede comprobar en este blog, que me apasiona y me atrae sobremanera el mundo del crecimiento personal y la espiritualidad. Tampoco es menos cierto que no dejo de plantearme que parte de pureza hay en mi interés por el tema y que otra hay en seguir estas modas de la psicologia pop la religión del buenrollismo o el dulce bálsamo del pensamiento positivo. La verdad es que soy totalmente partidario de leer y formarse en cualquier campo, pero sobretodo creo en la capacidad del ser humano para afinar un sano sentido crítico. Veo cada vez más personas que quedan atrapadas enlazando unos cursos con otros  e invirtiendo enormes cantidades de dinero para que otros nos descubran quien somos en realidad.  Al igual que para ser feliz lo importante es no preocuparse tanto por ello, tampoco buscando fuera de nosotros hallaremos el santo grial que nos cambie la vida profundamente. Como decía  John Lennon, precisamente una de las voces de la New Age,  la vida pasa mientras haces otros planes. Tal es así que yo creo que la felicidad llega si a veces consigues olvidarte que existe.

  1. http://elpais.com/elpais/2016/03/10/eps/1457631066_854651.html