¿Espirituali-que?

espiritualidad jaula

Intentar definir Espiritualidad es tan complicado como dar una definición precisa de Arte, Amor, Felicidad, Dios y tantas otras palabras que nos evocan pensamientos, imágenes mentales y connotaciones de todo tipo. Pero de lo que no cabe ninguna duda es que hoy por hoy son muchas las personas interesadas en este complejo e interesante tema, pudiéndose constatar por doquier una gran sed de espiritualidad. En parte esto se debe a que el mundo en estos últimos años se ha hecho cada vez más complejo y por ello, el relato tradicional de las grandes “religiones oficiales” ofrece cada vez menor consuelo y alivio a unos creyentes exigentes y mejor informados que nuestras generaciones pasadas.

La historia de la humanidad nos demuestra que muchas de las personas que han ido transitando por nuestro planeta han tenido una necesidad añadida cuando han conseguido tener cubierto el alimento diario, el descanso y unas mínimas dosis de afecto. Es entonces cuando pueden aparecen nuevas preguntas a menudo propiciadas por experiencias significativas e impactantes (quizás más aún las experiencias negativas que las positivas), que despiertan y activan las energías dormidas del “espíritu de vida” que habita nosotros.  Ante estos acontecimientos que nos afectan, nos zarandean y nos ponen en crisis, podemos reaccionar “espiritualmente” con imperativos existenciales que nos dicen: “hay que superar esto!”, “hay que trascender!”, “sobreponerse”, “cambiar”, “seguir adelante”… Es en ese momento cuando la espiritualidad aparece en forma de demanda, una especie de llamada a conocer lo que intuimos está más allá de los límites de nuestra cotidianidad.
De inicio constatamos que la espiritualidad no es una marca ni un producto exclusivo de ninguna religión o credo concreto, por supuesto tampoco del Cristianismo, sino que es patrimonio universal de toda la especie humana. Pero antes de seguir adelante, ¿qué no entendemos como espiritualidad?

  1. No es espiritualidad sólo la teoría de la espiritualidad, es decir toda la literatura, textos y reflexiones en torno a ella. Una cosa es conocer de qué se compone el vino, y otra cosa es tener experiencia personal del vino: por conocer científicamente los componentes del vino nadie se ha emborrachado.
  2. La espiritualidad no es tampoco la vida únicamente interior y secreta de la persona, ya que la persona es una interioridad que se exterioriza viviendo en relación con los otros y con sus circunstancias, su contexto en la realidad histórica que le ha tocado vivir y la relación con la naturaleza que lo envuelve  y condiciona.
  3. Las liturgias o prácticas religiosas no son en sí mismas espiritualidad. Incluso puede haber muchas prácticas religiosas sin nada de espiritualidad o que incluso la impidan o la bloqueen.
  4. La espiritualidad no puede ser una moda, ni mucho menos un producto de consumo. En este post encontrarás mi opinión al respecto: espiritualidad en venta

¿Y entonces qué es la espiritualidad?
Resumiendo mucho, a mi entender es el arte de saber vivir y despertar a todo lo que la realidad nos ofrece, sabiendo entender y gestionar cada una de nuestras acciones, pensamientos y emociones. Es además un interés intenso y profundo de conocer mejor nuestra naturaleza y la realidad que nos rodea, basada en un conocimiento vivo y práctico que se ha experimentado y afianzado en cada uno de nosotros en forma de sabiduría. Por supuesto que es muy aconsejable acercarse y tener interés por el legado de la tradición espiritual, conociendo algunas de sus múltiples manifestaciones a lo largo y ancho del mundo, pero no olvidemos que cualquier credo o religión únicamente están destinados a guiarnos a conocer nuestra grandeza. El principio esencial común a la mayoría  de espiritualidades se podrían resumir en humanizar y mejorar integralmente la vida de las personas,unificando el crecimiento interior y exterior en un continuo proceso de transformación benéfica para ella y para los demás. Significa esto que la “auténtica espiritualidad” es un bien integrador para cada persona, comprendiendo nuestra complejidad positivamente y poniéndola al servicio de la vida propia y de los demás.

Me gustaría acabar este pequeño acercamiento personal a lo espiritual citando a un referente de libertad y interconfesionadidad como es Anthony de Mello.  De Mello representa el cruce de caminos entre Oriente y Occidente, una gran representante de la globalización espiritual, entendida como el punto de unión de las necesidades y sensibilidades humanas más allá de condicionamientos culturales, económicos o sociales. Este padre jesuita, conocedor al detalle de la tradición cristiana, es un modelo de inconformismo y un auténtico buscador de nuestra naturaleza espiritual. Os animo a que conozcáis su obra o ver algunas de las conferencias que corren por Youtube , pero sobretodo os invito a experimentar en carne propia esos destellos de conexión con lo más profundo de vosotros mismos, allá donde reside la paz y el equilibrio que a menudo anhelamos y que en definitiva representa la necesidad de demanda de nuestra propia espiritualidad.

 

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¿El timo de la autoayuda?

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Hoy me gustaría hacer referencia a un libro que me llamó mucho la atención cuando topé con él. Se trata de un ejemplar de la colección ¡Vaya Timo! de la interesante editorial Laetoli (http://www.laetoli.es), donde se tratan muchos y variados temas desde una visión crítica, irónica y a menudo polémica. En concreto hablaremos del título que veis en la imagen, escrito por un joven psicólogo canario llamado Eparquio Delgado.
Para empezar, debo decir que no me considero un defensor acérrimo de los libros de autoayuda pero reconozco que más de uno ha caído en mis manos. En este valiente y provocador título vi la posibilidad de hacer un sano ejercicio de autocrítica y reflexión para ver desde una nueva perspectiva que hay de valioso y que de palabrería barata en los aclamados libros de autoayuda.

La idea que defiende el autor es la de ofrecer un enfoque racionalista de la psique y la mente humana, en el que la terapia cognitivo-conductual se posiciona como la más eficaz para la mayoría de problemas psicopatológicos. Por el contrario, se pone el acento en el poco rigor que se esconde detrás de esta llamada biblioterapia, que se enfoca más en vender, generando expectativas de cambio y éxito, que en solucionar ningún problema eficientemente. La contundencia del texto es notable, cargando duramente con un público que asegura comprar lo más sencillo que encuentra, y que por extremadamente sencillo se convierte con facilidad en lo verdadero. Los grandes clichés se repiten: vive aquí y ahora, perdona a los demás, ámate a ti mismo, todo es posible si lo deseas, uno recibe lo que da, etc ….

Más allá del posicionamiento beligerante del autor, debo reconocer que estoy de acuerdo con él en bastantes puntos. El primero de ellos es que la gran mayoría de los textos de autoayuda que se publican desde finales de los setenta, cuando Louise Hay empezaba a publicar sus primeros best-sellers, ponen el acento en el monopolio que los pensamientos tienen para cambiar nuestra vida. Aspectos socioculturales, políticos o económicos se dejan totalmente de lado, otorgando a los pensamientos la total y única responsabilidad para poder gozar de una buena vida en el ámbito físico o mental. La autoayuda, por propia definición. se basa demasiado a menudo en la idea que no necesitamos a nadie para ser felices, que con nosotros mismos es suficiente. Además aparece la extendida afición del HázteloTuMismo, que nos ha hecho creer a todos que al igual que puedes aprender a tocar la guitarra con un tutorial de youtube, también puedes disolver problemas de tu malestar cotidiano haciéndote de auto-psicólogo. Con acierto el autor nos recuerda que el actual concepto de felicidad que persiguen la gran mayoría de personas que acuden a la autoayuda esta íntimamente relacionado con las democracias capitalistas, donde la superación personal, la riqueza económica, el reconocimiento social o la responsabilidad individual son siempre las metas deseables. Detrás del concepto de felicidad que tenemos hay todo un montaje social, cultural, económico y moral que a menudo nos pasa desapercibido.

Finalmente, a modo de conclusión personal, puedo decir que después de leer este libro me reafirmé en la convicción de no posicionarme en ningún bando sin escuchar voces críticas del otro. De vez en cuando, es sano cuestionar y chequear las creencias personales para encontrar ese espacio reservado  y hecho a medida para cada cual. Consideremos pues la autoayuda como el bálsamo que es, palabras inspiradoras  que pueden ofrecer entretenimiento y consuelo, pero que lejos está de servir como tratamiento psicológico real. Nada ni nadie modificará  nuestra conducta ni nuestra vida si somos incapaces de pasar a la acción concreta y continuada. Centremos el esfuerzo en cambiar los hábitos nocivos y las inercias que nos estén dificultando nuestro desarrollo personal, y si no podemos conseguirlo por nosotros mismos, busquemos quien nos ofrezca unas buenas pautas para conseguirlo.