La inteligencia emocional y el sistema educativo

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Son muchas las voces que cada vez con mayor frecuencia se alzan a favor de un replanteamiento profundo de nuestro modelo educativo. La inercia predominante nos lleva a ser cómplices de la perpetuación de un sistema que cambia demasiado a menudo de siglas pero muy poco de fondo. Lógicamente las normas de convivencia y el sentido común deberían regir el devenir educativo, el problema es que a menudo la frontera que separa lo ampliamente aceptado y lo potencialmente turbador es bastante pequeña.

Son ya demasiados años en los que se ha infravalorado  la educación  emocional, olvidando en muchos casos por completo la expresión de nuestras inquietudes y talentos personales. La prioridad ha sido repetir los mismos contenidos estancos y herméticos, donde la educación se convierte en puro trámite administrativo para obtener absurdos certificados donde única y exclusivamente se valora la capacidad lingüística o lógico-matemática. Es evidente que nuestra sociedad, aún heredera de la tradición ilustrada de la revolución francesa, requiere para su pleno desarrollo un amplio estudio técnico y objetivo de la realidad en todas las disciplinas posibles, pero eso no nos puede privar de hacer crecer a los más jóvenes en una dirección  que contemple y entienda al ser humano en todas sus dimensiones sociales, psicológicas y afectivas. La información académica es muy válida para poder gozar de mayores herramientas culturales e incluso profesionales, pero no olvidemos que no deja de ser eso mismo, información a menudo aceptada sin más, como una especie de peligroso hábito memorístico y mecánico. Será nuestra capacidad de ver y sentir por nosotros mismos la que nos hará dueños de nuestras preguntas y respuestas interiores, que en definitiva serán las que nos actualizarán y harán nuestra vida más plena y estimulante.

La Inteligencia Emocional (IE) no es algo que hayamos descubierto en estos últimos años, pero es en parte gracias  al bestseller de título homónimo del psicólogo norteamericano Daniel Goleman, que se ha contribuido a darle la importancia que merece. Existe una larga tradición en el estudio y observación de nuestras emociones. Tal es así que en la antigua Grecia, por poner un ejemplo lejano en el tiempo, muchos pensadores dieron importancia a esta toma de conciencia de sentimientos y emociones. Unos de los padres de nuestra cultura, el filósofo Sócrates, hizo una declaración de intenciones al respecto con su famoso aforismo:Conócete a ti mismo. Esta afirmación bien podría servir de resumen a muchas de las teorías que versan sobre el estudio de la IE, ya que entendemos que nada puede ser más liberador e interesante para cualquier ser humano que intentar saber quien verdaderamente somos.

Somos testigos de los efectos negativos de ignorar lo que sucede a nuestro alrededor, pero a la vez, es aún más perjudicial no conocer ni saber verbalizar cómo nos sentimos, cómo resolvemos conflictos, cómo motivarnos y en definitiva, cómo dirigirnos a aquello que todos perseguimos, que no es más que saber minimizar problemas tan comunes como la frustración, la desmotivación, la ansiedad o la apatía permanente. En este sentido es fundamental apostar por una aplicación práctica y eficaz de las competencias emocionales en los currículos escolares, manteniendo también nuestro compromiso personal y colectivo de conocer y aceptarnos con nuestras luces y nuestras sombras. Si lo hacemos, podemos ahorrar a muchas personas en un futuro horas de terapia y cursos para desaprender lo aprendido.

Toda la sociedad al completo es corresponsable de la educación  pero es principalmente el personal docente el mayor activo para favorecer, estimular y acompañar a los más jóvenes a enseñarles a indagar cuales pueden ser sus aficiones o gustos ocultos y, en el hecho de tomar consciencia de ellos, sacarlos a la luz. Y es que en definitiva el único modo de educar bien es que el que educa se conozca y funcione bien.

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Música, siempre Música

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Mi relación con la música viene de muy lejos. Recuerdo una infancia llena de canciones y melodías siempre rondando por mi cabeza. Allí comenzó un interés creciente en ir descubriendo que se escondía detrás de la que considero una de las magias y dones mayores que poseemos los seres humanos. Siempre me fascinó el poder que los sonidos tienen para transportarnos y conectarnos con los rincones del subconsciente más profundo, y es que no podemos olvidar que así como tenemos unos útiles párpados que nos permiten no ver aquello que no deseamos, nuestras orejas no tienen ese filtro, y por lo tanto queramos o no, estamos siempre recibiendo información auditiva de nuestro alrededor, información que en muchos casos va a parar, insistimos, a lo más profundo de nuestro cerebro.
Pero, ¿que entendemos por Música? Una definición simplista pero aceptable es la de considerarla como “sonidos organizados dotados de una carga comunicativa o significativa”. 
A mi entender la música, la buena música, es exactamente eso, una meditada organización de sonidos con una intención y un mensaje comunicado con eficacia, coherencia y honestidad, una manera de hacer ver y sentir el mundo. Es cierto que también podemos encontrar esa comunicación en muchas obras plásticas, literarias o cinematográficas, pero sinceramente no he encontrado ninguna que me llegue más hondo que una buena composición musical. Ésta, nos ayuda a aflorar sensaciones que nuestro cuerpo y mente producen, descodificando y activando así vibraciones emocionales que aparecen si existe la combinación adecuada de melodía, armonía, ritmo o letra.
Llegados a este punto no me gustaría juzgar ni etiquetar ningún estilo concreto ya que nos movemos entre la crítica a la música ligera, de ambientes desenfadados y poco reflexivos, y la música solemne, que contrariamente no acepta sentimientos ligeros ni superficiales. De músicas, como dioses y como lunas, hay sólo una pero con muchas formas. La clave es escuchar con total interés, libres de prejuicios y modas, haciendo pasar la música por dentro de nosotros y conectando con el posible interés o no que tengamos del mensaje verbal o sonoro que se nos ofrece. A lo mejor es mucho pedir hacernos preguntas como: ¿ Que música me gusta y porque?, ¿Que intención persigue el creador y de que manera yo lo recibo? o ¿ Como, donde y porque conocí esta canción?, pero estas, nos pueden dar pistas muy valiosas sobre nosotros mismos. Y es que la música tiene muchas virtudes extraordinarias, siendo a la vez un gran estimulante de ideas, sensaciones, ilusiones y empatía para conectar mejor con nuestra esencia y también relacionarnos con los que nos rodean.
Para acabar y a modo de confesión, debo añadir que me encuentro dentro de lo que podría denominar  “colectivo de músicos”, que como la gran mayoría de colectivos supongo, es bastante endogámico e incluso en ocasiones hermético. La sensación que a menudo tengo es la de una especie de Síndrome de Estocolmo donde el secuestrado no puede huir nunca aunque quiera, pero más allá de todo, siento la responsabilidad y el gozo de tener una vida repleta de música que me ayuda a crecer y me mantiene abierto a seguir emocionándome con ella. Me siento feliz de dedicar una importante parte de mi tiempo a crear mi propio imaginario sonoro  y de paso, gracias a la docencia musical,  ayudo a otros también a descubrir canciones de todos los estilos, tratando así de encontrar una enorme cantidad de gammas afectivas que sólo se  pueden encontrar en una escucha activa, variada y rica. En definitiva, la música ha hecho mucho por mi ,así que lo que persigo diariamente es hacer lo mejor que sé por ella.

 

Indicadores de bienestar subjetivo

afinar-corazc3b3n-y-menteAlgunas veces me pregunto cual será la receta para tener una vida bien “afinada”. Hoy, que justo empieza el mes de abril,  vengo tan valiente como para intentar resumir en 22 indicadores clave algunos aspectos importantes para medir mejor la calidad de vida. Pero, ¿pórque 22? Si sigues leyendo encontrarás la respuesta. De momento, aquí te los dejo para que puedas chequear aquellos que pueden coincidir también con tu bienestar exterior e interior, allá vamos:

      0. Tienes interés por seguir aprendiendo y sabes que te queda algún talento más por explorar. Muestras parte de la actitud, la energía y la vitalidad del niño que fuiste, pero sabiendo canalizar bien todo ese potencial en base a la madurez que te han ido aportado tus experiencias.

  1. Tu desempeño profesional te permite transmitir algunos valores en los que crees,y además, recibes una compensación económica suficiente para poder vivir de ello. Por si fuese poco, te quedan energías para proyectarte más allá y motivaciones que dan sentido a tu tiempo libre y de ocio.
  2. Has renunciado al pensar ocasional, como parche a los problemas,  para incorporar el hábito de pensar para prevenirte de ellos. Dedicas tiempo a sacar de paseo el cerebro para que oxigene o simplemente para chequear que todo anda más o menos, como habías planificado.
  3. Sabes apreciar, valorar y respetar la riqueza del mundo en todos sus aspectos: cultural, natural, social… Conectas con tu entorno y tus vínculos afectivos. Navegas en el fluir de la vida.
  4. Has conseguido controlar tu descontrol y convertirte en dueño de ti mismo.Encuentras el equilibrio para ordenar los dos hemisferios de tu cerebro y saber llevar una vida práctica.
  5. Si te consideras una persona espiritual has comprendido que no hay credo, ritual, escuela ni curso de milagros que solucione tus problemas existenciales. Buscas herramientas de conocimiento o te unes a un colectivo que es coherente con tus valores, pero eres consciente que el esfuerzo por darle sentido a tu vida sólo lo puedes guiar tu.
  6. Piensas y haces en la misma dirección, con las mínimas contradicciones (siempre hay alguna, como humanos que somos), pero en lo fundamental no entras en conflicto.
  7. .Consigues avanzar siguiendo tu propia hoja de ruta, definiendo un plan de acción concreto  y poniendo tu potencial a rodar.
  8. Estás haciendo el duro trabajo de identificar tu personaje, todas esas ideas que has ido creando sobre ti, y haces lo posible por integrarlo y domesticarlo para minimizar el impacto negativo que este pueda tener en tu cotidianidad.
  9. Eres capaz de vez en cuando, de aislarte del mundo para conectar con las preguntas que realmente te van iluminado el camino a medida que las sabes responder.
  10.  Comprendes que no hay garantías de nada, que esa es la regla básica del universo a través de la cual debes medir todas tus decisiones y planes. Asumes lo insignificante de tu vida y te tranquiliza saber que definitivamente no eres el centro de la humanidad, compartiendo protagonismo con todo forma de vida del planeta.
  11. Entiendes que hay como mínimo tres elementos que condicionan nuestra vida: nuestro potencial personal, el escenario en el que nos movemos y el momento histórico que nos ha tocado vivir. Siendo consciente de esos tres factores y analizándolos detenidamente la vida se debe volver necesariamente más sencilla.
  12. Te has dado cuenta que rápido significa despacio pero sin interrupción y que no necesitas hacer nada deprisa, es suficiente que lo hagas con regularidad. Lo importante es mantener el ritmo, poco a poco pero con estabilidad y perseverancia . Además has entendido que a veces la mejor acción puede ser  la pura y llana observación.
  13. Por fin puedes afirmar que no existe una vida sin cambios y que la estabilidad es ilusoria.  Decides cambiar la pregunta de: «¿Cambiar o no cambiar?»por, «¿En qué medida me relaciono con los cambios?»
  14. Has comprobado los beneficios que te aporta un buen equilibrio y una moderación en tus quehaceres diarios. Pareces estar encontrando los ingredientes que te hacen la vida mejor.
  15. Comprendes que tu cuerpo no siempre sabe lo que mejor le conviene, que es una de las trampas más engañosas de la consciencia. Al igual que la mente se alimenta a veces con reacciones automáticas, el cuerpo también obedece a costumbres e impulsos caóticos que vienen de modelos aprendidos o reflejos ancestrales de nuestro cerebro más primitivo.
  16. Afrontas los problemas con calma, cierto distanciamiento, acción y control del tiempo. Sabes que los problemas reales no afrontados son como las termitas: aunque los olvidemos y hagan muy poco ruido, siguen devorando la madera y al final acaban hundiendo la casa. Aún así no olvidas que lo único que no tiene solución es la muerte y que el resto sólo son problemas efímeros, que siempre acaban encontrando solución.
  17. La época de conocimientos sagrados se acabó, en la era de la higiene informática, el conocimiento no es la moneda fundamental de cambio .Internet lo devaluó con su accesibilidad. El conocimiento se cambió por la concentración. La habilidad de mantenerte enfocado en una tarea y no distraerte en otros asuntos se ha convertido en el gran valor de hoy. De todas las del firmamento, te decides por esa única estrella que alimenta tu atención constante.
  18. Has visto que cada realidad tiene muy distintas percepciones: un Ferrari es un sueño para unos o una idiotez para otros y una playa en agosto puede ser un ideal de vacaciones o una tortura para la paz íntima. Conoces tus percepciones y evitas entrar en constante contradicción, ahorrándote así mucho sufrimiento gratuito.
  19. Diferencias entre placer y alegría, dándote cuenta que no sólo buscas lo efímero de las cosas materiales sino que apuestas por un bienestar prolongado en el tiempo. No es terrible negarte algunos placeres, pero si  lo es no conocer la alegría.
  20. Vives aquí y ahora pero recordando los aprendizajes del pasado y teniendo algo pendiente por hacer para asegurarte un buen futuro, reinventándote llegado el caso.
  21. Por fin has encontrado la manera de no culparte ni juzgarte por ser como eres. Te aceptas en tu totalidad, respetándote a ti y a los demás. Te abres al mundo confiado y consciente.

Y bien, llegó el momento de desvelarte el porque del 22… La inspiración me llegó de los 22 arcanos mayores del Tarot, que por cierto puedes consultar si te apetece en este enlace que acabo de colgar: ARCANOS MAYORES

Te animo a que compartas en los comentarios algunos otros indicadores que a te ayuden y te inspiren a encontrar ese ansiado bienestar al que tantos aspiramos.

Un abrazo y hasta muy pronto.

Preguntas directas al alma

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Hoy quería compartir contigo una de las mejores maneras que conozco para evolucionar y crecer personal, emocional y profesionalmente: HACERSE PREGUNTAS.
He leído y escuchado a muchos sabios y sabias, tanto de oriente como de occidente, tanto del pasado como del presente, y la mayoría parecen coincidir en el enorme poder que ejercen las buenas preguntas sobre un mejor fluir de nuestra vida. Personalmente creo que hacerse las preguntas adecuadas y necesarias ( tampoco nos martiricemos constantemente a base de preguntas de difícil respuesta), es una vía directa hacia una realidad vital más plena, rica y consciente.
En esta ocasión, te traigo una pequeña colección de diez preguntas, de las muchas que he ido recopilando en estos años de búsqueda personal, que me encantaría que las hicieras tuyas, interactuando con ellas y no quedándote sólo en la lectura. Te animo a que cojas papel y lápiz , y trates de contestar con calma y atención todas o como mínimo algunas de las preguntas que te propongo. Puedo asegurarte que después de este ejercicio entenderás algo mejor tu propósito de vida y verás con mayor claridad algunas de las motivaciones más profundas que rigen tu vida. Busca un lugar tranquilo, conecta contigo mismo/a y deja que tus ideas salgan libremente.Date tiempo para contestarlas, no te fuerces y verás como los resultados te sorprenderán.
Sin más dilación, allá vamos:
1. Si fueras el único y mayor gobernante del planeta, ¿qué cambiarías primeramente?

2. Imagina que escribes un libro, ¿de que tema trataría, o mejor, que título le pondrías?

3. Diseña tu día o semana ideal. (está no es una pregunta, pero es igual de potente o más)

4. Ya tienes la vida que siempre has deseado, cero problemas. ¿Qué haces ahora con el resto de tus días? ¿Qué quieres de verdad?

5. ¿Existe alguna actividad que te mueva y motive suficiente como para dedicarle un tiempo valioso sin recibir a cambio ninguna remuneración económica?

6. Elige un personaje de realidad o ficción que te guste especialmente. ¿Porque lo admiras? ¿Que actividades realiza? ¿Qué ideas defiende o promueve?

7. Piensa en algo que quisiste hacer y te detuviste por miedo al fracaso o al éxito, ¿ qué era?

8. Imagina que estás llegando al final de tus días. Imagínate por un momento delante de tus hijos, familiares o amigos. ¿Que dos ideas/consejos les darías que les fueran útiles toda la vida?

9. Escribe de más a menos importante, las actividades que harías en tus últimos 5 días de vida. Una actividad por día. (aquí es donde más puedes sorprenderte…)

10. ¿Que pondrías en tu epitafio? Tu frase final, el resumen de tu vida.

¿Que tal? ¿Que te han parecido? Ups, disculpa, te he dicho diez preguntas y te acabo de colar dos sin querer… Fuera bromas, tengo que reconocer que aunque me costó bastante responder algunas de estas preguntas,  cuando lo conseguí me sentí mucho más conectado y feliz conmigo mismo. Para ponerte un ejemplo te diré que a la segunda pregunta, la de poner un título a un posible libro, no se me ocurrió nada mejor que: Vivir es fácil si contestas tus preguntas. Ese libro igual nunca sale a la luz pero sólo el hecho de plantearme la posibilidad de que pueda existir, lo acerca sin duda a convertirse en realidad. Y así funciona casi todo.
Como habrás podido comprobar lo que se pretende conseguir en este juego de preguntas es conocerse mejor y por lo tanto, acercarnos más a nuestra esencia, a la raíz de nuestras motivaciones más profundas. Si te apetece, te invito a contactar conmigo si tienes alguna duda o quieres que te ayude a descifrar que se esconde detrás de tus respuestas, que sin duda serán de lo más interesantes.
Hasta el próximo martes, con más ideas y reflexiones prácticas para sacar lo mejor de nosotros mismos.